U.S. Department of Health and Human Services

La historia de Rosa

Una mujer con un traje típico mira del lado mientras sonríe

Una de las experiencias de la vida que más me ha enseñado, ha sido el envejecer. Cada año gozo más de la vida y río mucho más. ¡Lo malo es que cada vez escucho peor!

Me encanta cuando mis nietos llegan a la casa y me cuentan de todo.  Me dicen cómo les van en la escuela, lo que hacen los fines de semana, o si hay un niño o niña que les gusta. Pero empecé a darme cuenta de que cada vez les escuchaba menos y les tenía que pedir que me repitieran lo que habían dicho. Al principio no le puse mucha atención, pero supe que era algo serio cuando mi nieto me dijo muy fuerte y directamente a mi oído, “Abuelita, creo que tienes pérdida del oído”.

Mi nieto tenía la razón. Aproveché que tenía una  cita con mi doctor para preguntarle qué pruebas debería hacerme para ayudar a proteger mi salud en la vejez. Me hice pruebas para medir la fuerza de mis huesos y para ver si tengo pérdida del oído, y me puse la vacuna contra la neumonía.

La próxima vez que mis nietos llegaron a mi casa les dije que, aunque estoy muy bien de salud, tengo problemas para oír bien. Les pedí que me hablaran más fuerte y más despacio. Ahora ellos entienden lo que pasa  y se aseguran de hablarme muy claro y mirándome a la cara.