(FUENTES: Harvey Kliman, M.D., Ph.D., research scientist, obstetrics, gynecology and reproductive sciences, Yale University School of Medicine, New Haven, Conn.; Daniel Coury, M.D., medical director, Autism Speaks Autism Treatment Network, and chief, developmental and behavioral pediatrics, Nationwide Children's Hospital, Columbus, Ohio; April 25, 2013, Biological Psychiatry)

La placenta de los recién nacidos podría servir para predecir el riesgo de autismo, sugiere un estudio- healthfinder.gov

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La placenta de los recién nacidos podría servir para predecir el riesgo de autismo, sugiere un estudio

Detectar a los bebés con mayores probabilidades podría mejorar el tratamiento, afirman los investigadores

Por Kathleen Doheny
Reportero de Healthday

JUEVES, 25 de abril (HealthDay News) -- El riesgo de autismo podría ser detectado al nacer con un examen de las anomalías en la placenta, sugiere un nuevo estudio.

"Podemos examinar la placenta al nacer y determinar las probabilidades de que exista un riesgo de autismo con una fiabilidad extremadamente alta", afirmó el Dr. Harvey Kliman, científico de investigación en la Universidad de Yale.

Uno de cada 88 niños estadounidenses tiene un trastorno del espectro autista, el término general con el que recogen los complejos trastornos del desarrollo cerebral caracterizados por problemas con la interacción social y la comunicación, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

Cuanto antes se trate el autismo, mejores resultados se obtendrán. Pero normalmente no se diagnostica a los niños hasta que empiezan a presentarse síntomas conductuales, quizá a los 2 o 3 años de edad, o incluso más tarde. Kliman afirmó que los niños a los que se detecte un riesgo al nacer podrían beneficiarse de un tratamiento temprano.

Para realizar el nuevo estudio, publicado en línea el 25 de abril en la revista Biological Psychiatry, Kliman y su equipo examinaron 117 placentas de recién nacidos cuyas madres ya habían tenido uno o más niños autistas, lo que ponía al bebé en un mayor riesgo de padecer el trastorno. Los investigadores compararon esas muestras con las muestras de placentas de 100 mujeres que ya habían tenido uno o más niños con un desarrollo normal.

Durante el embarazo, la placenta mantiene el suministro sanguíneo del feto separado del de la madre a la vez que le proporciona oxígeno y nutrientes. En el parto, la placenta, también llamada secundinas, sale del útero después del bebé.

Las placentas de las mujeres con hijos mayores que tenían autismo presentaban diferencias apreciables con respecto a las de las otras mujeres, descubrió el equipo de Kliman. Se concentraron en los pliegues anómalos y el crecimiento celular anómalo en la placenta, lo que se conoce como inclusiones trofoblásticas.

Las placentas de los embarazos de riesgo tenían ocho veces más probabilidades de tener dos o más de estos pliegues anómalos que las muestras de los partos sin riesgo. Las placentas con cuatro o más de las inclusiones sirvieron para predecir que un bebé tenía al menos un 74 por ciento de probabilidades de tener un riesgo de autismo, afirmaron los investigadores.

"Ninguna de las [placentas de embarazos sin riesgo] tenían más de 2 de los pliegues", afirmó Kliman.

Sin embargo, el estudio solo predijo el riesgo de autismo, y no los casos de autismo reales. Los investigadores continuarán realizando un seguimiento a los niños.

La prueba no se puede hacer antes del parto, afirmó Kliman. "Se necesita la suficiente cantidad de placenta [para examinarla]".

Pero la prueba podría ayudar a detectar a los niños en riesgo mucho antes de lo que es posible ahora, sugirió Kliman. "[En la actualidad] no hay modo de saber, en el momento de nacer, si un niño podría tener autismo", indicó. "Si se sabe que un niño tiene riesgo de autismo al nacer, se juega con ventaja". Las intervenciones pueden empezar antes, cuando el cerebro está más receptivo para el cambio.

No está clara la manera en que los pliegues en la placenta se relacionan con el riesgo de autismo, señaló Kliman. Él y otros colegas especularon que las anomalías en la placenta y el cerebro de los niños afectados de autismo se caracterizan por un aumento del crecimiento celular, lo que entonces resulta en la formación de pliegues no habituales. "La cabeza de los niños con autismo es más grande", afirmó. Su cerebro crece con rapidez al principio.

"Me gustaría verlo como una prueba rutinaria", comentó Kliman. La prueba es una labor ardua y requiere de patología, sin embargo, y Kliman estimó que podría costar 2,000 dólares o más.

Este no es el primer estudio en relacionar las anomalías de la placenta con el riesgo de autismo, afirmó Geraldine Dawson, científica principal de Autism Speaks, un grupo de defensoría e investigación. "Sin embargo, es uno de los estudios más extensos que confirman este hallazgo", aseguró.

Pero añadió que se necesitan más investigaciones para confirmar los hallazgos.

Es demasiado pronto para sugerir que se cree una prueba rutinaria, afirmó el Dr. Daniel Coury, director médico la Red de Tratamiento del Autismo del grupo y jefe de pediatría del desarrollo y la conducta en el Hospital Pediátrico Nacional en Columbus, Ohio. Alabó el estudio, pero también afirmó que se necesita más investigación que reproduzca los hallazgos.

"Ser capaces de detectar a los bebés con un riesgo mayor para así poder dirigir nuestra intervención es una gran noticia", celebró.

El estudio fue respaldado por los Institutos Nacionales de Salud; el Instituto MIND de la Universidad de California, en Davis; la Unidad de Investigación sobre la Reproducción y la Placenta, y la Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU. Los investigadores no patentaron el procedimiento ni tienen intereses económicos en el mismo.

Más información

Visite Autism Speaks para más información sobre las señales del autismo.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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